miércoles, 3 de febrero de 2016

PETRARCA Y EL SONETO

Francesco Petrarca nació en Arezzo en 1304 y murió en Padua en 1374. El encuentro con Giovanni Boccaccio en Florencia fue decisivo para sus ideas humanistas y junto a éste se constituyó en figura principal del movimiento que intentó rescatar la cultura clásica de los siglos oscuros en el primer Renacimiento italiano; intentó armonizar el legado grecolatino con las ideas del Cristianismo. Por otro lado, Petrarca predicó la unión de toda Italia para recuperar la grandeza que había tenido en la época del Imperio romano.
Su obra principal es el Canzionere, publicado originariamente con el nombre de Rime in vita e Rime in morte de Madonna Laura y que fue ampliando con el transcurso de los años. Es aquí donde Laura se constituye en el objeto idealizado de su amor, representante de las virtudes cristianas y de la belleza de la antigüedad. Posteriormente se denominaría Cancionero petrarquista a las colecciones de poemas líricos creadas por diferentes autores a manera del Canzoniere del Petrarca.
Los poemas del Cancionero fueron escritos en italiano: se trata de una colección de más de trescientos sonetos y otros poemas (canciones, sextinasbaladas y madrigales), la mayoría de los cuales revelan la historia de su pasión por Laura y los avatares y estados espirituales y emocionales por que atravesó, incluso después de la muerte de su amada, cuando su recuerdo la transforma en un ángel (donna angelicata) que intercede a Dios por él para transformar su pecaminoso amor profano en amor divino a la sabiduría y la moral. Se puede dividir en dos partes, coincidiendo con la muerte de su amada en la peste negra de 1348, cuando el autor da un giro a su vida tras las vanidades juveniles para profundizar en valores espirituales. Su creación final se convierte en palinodia de la inicial.3 En la obra se intercalan algunos dedicados a amigos y a otros temas, para marcar como miliarios la cronología de esa historia, así como otras composiciones que tienen la función de romper la monotonía métrica del conjunto.
El Canzoniere (título original: Francisci Petrarchae laureati poetae Rerum vulgarium fragmenta). Comprende 366 piezas: 317 sonetos, 29 canciones, 9 sextinas, 7 baladas y 4 madrigales. Otras piezas poéticas anduvieron perdidas o fueron incluidas en otros manuscritos.
La mayor parte de estas rimas son de tema amoroso; una treintena son de tema moral, religioso o político. Son célebres las canciones «Italia mia» y «Spirto gentil», en las cuales el concepto de patria se identifica con la belleza de la tierra natal, soñada libre de las luchas fratricidas y de las milicias mercenarias. Entre las canciones más recordadas se recuerdan más «Chiare, fresche e dolci acque» y entre los sonetos «Solo e pensoso».
La colección es dividida entre los editores modernos en dos partes: rimas in vita y rimas in morte di Madonna Laura, es decir, las rimas en vida y las rimas tras la muerte de Laura. En realidad, Petrarca cuidó bien la estructura sucesiva del Cancionero incluyendo rimas ya compuestas en su juventud para Laura y otras mujeres, pero atribuyéndolas en esta ocasión a Laura. En muerte, dedica poemas a Laura ya fallecida como el único puro amor que conduce a Dios, según una concepción teleológica y mística del amor que se encuentra ya en el Dante de la Vita nuova y la Divina Comedia. Sería impropio hacer coincidir la colocación de varios textos en la obra con el efectivo orden cronológico de la composición. El amor a Laura es el centro anímico de la rica y original poesía de Petrarca, en la cual todo en función de eso deviene literatura y deseo de gloria literaria.
Petrarca perfeccionó las formas de la tradición lírica medieval y de la lírica provenzal, cambió la forma de la sextina y reelaboró los modos poéticos. La amada de Petrarca es un ser superior espiritualmente al poeta al cual este rinden homenaje, pero no tiene todavía nada de sobrehumano, ella es modelo de virtud y de belleza. Asocia el nombre de Laura al lauro, al laurel poético de la gloria literaria, y juega con su nombre cambiándolo con l'aura (el viento) como en el soneto «Erano i capei d'oro a l'aura sparsi».
La segunda parte del Canzoniere se concluye con la canción Alla Vergine («A la Virgen») en la cual el poeta se dirige a María e implora perdón y protección.
La utilización del verso de once sílabas (endecasílabo) y sus perfectos sonetos subyugaron a poetas de los dos siglos siguientes y tuvieron influencia en el Siglo de Oro español, aunque algunos autores los rechazaran y los juzgaran como extranjerizantes.

El Cancionero tiene influencia capital en dos aspectos de la métrica: el ritmo del endecasílabo y las formas estróficas. De un lado, hace prevalecer definitivamente los ritmos del endecasílabo a maiore con acento en la sexta sílaba y a minore con acentos en la cuarta y la octava, lo que determina que en la poesía culta española (que, a partir de Boscán y Garcilaso, adopta los metros italianos), sean estos los ritmos más habituales. Del otro, influye determinantemente en cuáles serán las estrofas que se cultiven a partir de entonces en la poesía culta. Sólo cinco formas incluye en su
Cancionero:
sextina, balada, madrigal, canción y soneto Cinquecento
. Perfecciona y afina el madrigal que en él alcanzará su apogeo musical; fija definitivamente el
esquema de la canción heredada de la escuela siciliana; y, por último, lleva al soneto a su absoluta perfección propiciando que se convierta en la estrofa, quizás, más
importante de la lírica europea occidental. 
El Cancionero se compone de 366 fragmentos (317 sonetos, 29 canciones, 9 sextinas, 7
baladas y 4 madrigales) tradicionalmente divididos en dos partes: las
rimas en vida de Madonna Laura y las rimas tras la muerte de Madonna Laura. Esta división, no
obstante, se debe a los editores de la obra y no al propio Petrarca y está sugerida tanto por el contenido como por el hecho de que en el manuscrito definitivo hay varias hojas
en blanco entre la composición CCLXIII y la CCLXIV.

Las quejas por los desvíos de Laura (XV, XVII...) son frecuentes en esta primera sección y consecuencia de ellas es la canción XXIII, una de las favoritas del poeta, canción llamada de las metamorfosis, en la que el poeta se convierte alegóricamente en laurel, es decir, se identifica con la amada, y sufre, a continuación, una serie de metamorfosis también alegóricas.
En la segunda sección, la CXXVI es una de las joyas, o quizá la joya absoluta del Cancionero. En ella son evocadas las aguas del río Sorga, que nace en Valclusa, la vegetación primaveral y el aire que entre ella corre (y sobre todo el recuerdo de la amada) en un clima dominado por la idea de lo perecedero y, más concretamente, por la de la muerte del poeta, la cual despierta en él el deseo de morir y ser enterrado en aquellos campos para él sagrados, en los que tal vez le buscará un día Laura y, al saber que se han convertido en su sepultura, rogará a Dios por él.
La tercera sección, llamada de "la alabanza y la maravilla", comprende las rimas CXXX a CCXLVII. Con estas clases de sonetos alternan las quejas de amor, los que lamentan el envejecimiento del poeta (el CCVIII, entre otros) y los que conmemoran los sucesivos aniversarios del día en que Petrarca vio a Laura por primera vez, los cuales arrancan de la primera sección y son un leit motiv de la primera parte del Cancionero.
La última sección de esta primera parte, formada por las rimas CCXLIX a CCLXIII, es una clara transición hacia la segunda, y destacan en ella los que han sido llamados "sonetos del presentimiento" de la muerte de Laura (CCXLIX a CCLIV).
La segunda parte ("En muerte de Laura") se abre con tres rimas que testimonian la crisis espiritual de los años 40. Es cosa que parece quedar confirmada por la canción CCLXX, en la que el poeta ya no podrá consolarse del amor por Laura, así como por el soneto que la precede (Por el laurel y la columna lloro), en el que el laurel está por Laura y la columna por los Colonna, y ambos simbolizan respectivamente el amor y la amistad de la juventud del poeta, el cual, al verse privado de ambos, se halla solo con sus recuerdos y se siente viejo y cerca de la muerte.
Esta segunda sección de la segunda parte del Cancionero abunda en lamentos por la belleza de Laura, deshecha por la muerte, por la transitoriedad de las cosas del mundo, por la vejez del poeta y por la serena intimidad que esta habría otorgado a ambos si Laura hubiese vivido más años. En realidad, las "rimas nuevas", más que las de la primera sección de la parte inicial del Cancionero, llamadas así por algunos críticos, son las de esta segunda parte de la obra, la cual se cierra con cuatro sonetos (los CCCLXII a CCCLXV) y una canción (la CCCLXVI).
Hay, además de las rimas inspiradas por Laura, que son la inmensa mayoría, otras que se refieren a los más variados temas. Ante todo, hay unas cuantas composiciones inspiradas por la amistad, rimas de circunstancias, inspiradas por el envío de un regalo o por cualquier otro acontecimiento menor, etc. 
Poco antes de su muerte, publicó I trionfi («Los triunfos»), dedicados a exaltar la elevación del alma humana hacia Dios.

LOS SONETOS
Su poesía influyó en autores como Lope de VegaFrancisco de QuevedoLuis de Góngora (en España), William Shakespeare y Edmund Spenser, en Inglaterra.

Se abre con un soneto a modo de prólogo Los que escucháis en rimas el desvelo en el que el poeta presenta su obra como el fruto de su primer error juvenil y que, tras pedir la disculpa de su lector, se cierra con el tópico del vanitas vanitatis (que cuanto agrada al mundo es breve sueño). Y tras esa composición, el poeta expone la intensidad de su amor en el poema II.

Porque una hermosa en mí quiso vengarse
y enmendar mil ofensas en un día,
escondido el Amor su arco traía
como el que espera el tiempo de ensañarse.

En mi pecho, do suele cobijarse,
mi virtud pecho y ojos defendía
cuando el golpe mortal, donde solía
mellarse cualquier dardo fue a encajarse.

Pero aturdida en el primer asalto,
sentí que tiempo y fuerza le faltaba
para que en la ocasión pudiera armarme,

o en el collado fatigoso y alto
esquivar el dolor que me asaltaba,
del que hoy quisiera, y no puedo, guardarme.

A lo largo del Cancionero, Petrarca va componiendo los tópicos de la poesía amorosa. Especialmente célebre es el fragmento XXXV en que desarrolla el tópico del amante que huye de todo y solo es incapaz de esquivar su propio Amor:

Solo y penoso los más yermos prados
midiendo voy a paso tardo y lento,
y acecho con los ojos para atento
huir de aquellos por el hombre hollados.
                                      
Otro alivio no encuentro en mis cuidados
que me aparte del público escarmiento,
porque en los actos del dolor que aliento
muestro traer los pasos abrasados;
                                      
tanto que creo ya que montes, llanos,
selvas y ríos saben los extremos
de vida que he ocultado a otro testigo.
                                      
Mas no sé hallar senderos tan lejanos,
tan ásperos que siempre no marchemos
yo hablando con Amor y Amor conmigo.


En la muerte de Laura [Poema: Texto completo]Francesco Petrarca
Sus ojos que canté amorosamente,
su cuerpo hermoso que adoré constante,
y que vivir me hiciera tan distante
de mí mismo, y huyendo de la gente,

Su cabellera de oro reluciente,
la risa de su angélico semblante
que hizo la tierra al cielo semejante,
¡poco polvo son ya que nada siente!

¡Y sin embargo vivo todavía!
A ciegas, sin la lumbre que amé tanto,
surca mi nave la extensión vacía...

Aquí termine mi amoroso canto:
seca la fuente está de mi alegría,
mi lira yace convertida en llanto.

Porque una hermosa en mí quiso vengarse
y enmendar mil ofensas en un día,
escondido el Amor su arco traía
como el que espera el tiempo de ensañarse.

En mi pecho, do suele cobijarse,
mi virtud pecho y ojos defendía
cuando el golpe mortal, donde solía
mellarse cualquier dardo fue a encajarse.

Pero aturdida en el primer asalto,
sentí que tiempo y fuerza le faltaba
para que en la ocasión pudiera armarme,

o en el collado fatigoso y alto
esquivar el dolor que me asaltaba,
del que hoy quisiera, y no puedo, guardarme.


LA SEXTINA. Su creación se atribuye al trovador occitano Arnaut Daniel quien, a finales del siglo XII, compuso la primera sextina titulada Lo ferm voler qu'el cor m'intra (el firme deseo que se aloja en mi corazón), y alcanzará su máximo esplendor durante el RenacimientoLas seis estrofas que, con el terceto final, conforman la sextina, carecen de rima, pero cada uno de sus seis versos acaba en una palabra-rima (preferentemente un sustantivo llano y bisílabo).
Estas seis palabras-rimas finales de cada verso, se irán repitiendo en las estrofas siguientes alterando su orden, pero siempre siguiendo una misma ley: las tres primeras palabras-rimas "bajan" para hacer "huecos" entre ellas de modo que la primera pasa al verso segundo, la segunda pasa al verso cuarto y la tercera baja al verso sexto. Quedan por tanto, tres versos libres, el primero, el tercero y el quinto, que son ocupados por las tres palabras-rimas restantes en orden inverso: la sexta en el primer verso, la quinta en el tercero y la cuarta en el quinto. Aplicando esta regla de colocación se obtiene el siguiente esquema: ABCDEF – FAEBDC – CFDABE – ECBFAD – DEACFB – BDFECA
Si se volviese aplicar la regla se volvería a obtener el orden de la primera estrofa (ABCDEF).
En el terceto final se repetirán las seis palabras-rima de forma que las palabras-rimas aparecen a mitad y a final de verso siguiendo el mismo orden que en la primera estrofa, es decir, AB, CD, EF entendiendo que A está en mitad del primer verso y B a final del primer verso, etc.
Dante y Petrarca ensayaron las sextinas dobles que consisten, simplemente, en repetir dos veces el esquema de estrofas de seis versos (es decir, ABCDEF–FAEBDC–CFDABE–ECBFAD–DEACFB–BDFECA-ABCDEF–FAEBDC–CFDABE–ECBFAD–DEACFB–BDFECA) y añadir al final el terceto, tal y como se hace en la sextina simple.
Sextina «L’aere gravato, et l’importuna nebbia» (Canzoniere, 66)
LA SEXTINA EN PETRARCA : PALABRAS-RIMA
L’ aere gravato, et l’ importuna nebbia
compressa intorno da rabbiosi vènti
tosto conven che si converta in pioggia;
et già son quasi di cristallo i fiumi,
e ‘n vece de l’ erbetta per le valli
non se ved’ altro che pruine et ghiaccio.

Et io nel cor via piú freddo che ghiaccio
ò di gravi pensier’ tal una nebbia,
qual si leva talor di queste valli,
serrate incontra agli amorosi vènti,
et circundate di stagnanti fiumi,
quando cade dal ciel piú lenta pioggia.

In picciol tempo passa ogni gran pioggia,
e ‘l caldo fa sparir le nevi e ‘l ghiaccio,
di che vanno superbi in vista i fiumi;
né mai nascose il ciel sí folta nebbia
che sopragiunta dal furor d’ i vènti
non fugisse dai poggi et da le valli.


Ma, lasso, a me non val fiorir de valli,
anzi piango al sereno et a la pioggia
et a’ gelati et a’ soavi vènti:
ch’ allor fia un dí madonna senza ‘l ghiaccio
dentro, et di for senza l’ usata nebbia,
ch’ i’ vedrò secco il mare, e’ laghi, e i fiumi.

Mentre ch’ al mar descenderanno i fiumi
et le fiere ameranno ombrose valli,
fia dinanzi a’ begli occhi quella nebbia
che fa nascer d’ i miei continua pioggia,
et nel bel petto l’ indurato ghiaccio
che trâ del mio sí dolorosi vènti.

Ben debbo io perdonare a tutti vènti,
per amor d’ un che ‘n mezzo di duo fiumi
mi chiuse tra ‘l bel verde e ‘l dolce ghiaccio,
tal ch’ i’ depinsi poi per mille valli
l’ ombra ov’ io fui, ché né calor né pioggia
né suon curava di spezzata nebbia.

Ma non fuggío già mai nebbia per vènti,
come quel dí, né mai fiumi per pioggia,
ghiaccio quando ‘l sole apre le valli.

El grávido aire y la importuna niebla
ceñida en torno por rabiosos vientos
pronto tendrán que convertirse en lluvia;
y son ya casi de cristal los ríos,
y en vez de hierbecillas por los valles
no se ve más que escarcha y que hielo.

Y yo en mi corazón más frío que hielo
tengo, de graves cuitas, una niebla
como la que se eleva de estos valles,
cerrados frente a amorosos vientos,
y circundados de estancados ríos
cuando cae del cielo lenta lluvia.

En poco tiempo pasa la gran lluvia,
                y el calor fundirá nieve y hielo
                que ensoberbecen los henchidos ríos.
No escondió el cielo tan espesa niebla
que, sorprendida por furor de vientos,
no huyese de colinas y de valles.


Mas para mí no hay florecer de valles:
siempre lloro al sereno y con lluvia,
                y con helados o suaves vientos.
                Si un día hallase a Madonna sin el hielo
dentro, y fuera sin la usual niebla,
vería secos mar, lagos y ríos.

Mientras desciendan hasta el mar los ríos
y amen las fieras los umbrosos valles,
estará ante sus ojos esa niebla
                que provoca en los míos lenta lluvia,
y habrá en su hermoso pecho un duro hielo
que extrae del mío dolorosos vientos.

Perdonar debo yo a todos los vientos,
pues amé a uno que, entre dos ríos,
                me encerró con el verde y con el hielo;
tal, que pinté después por muchos valles
la sombra en que viví; calor y lluvia
y sonido salvaron rota niebla.
Mas no huyeron jamás niebla por vientos 
como aquel día yo, ni ríos por lluvia,
ni hielo cuando el sol abre los valles.